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Eneko Etxebarrieta

Eneko Etxebarrieta

Enero Etxebarrieta descansa en su hogar vitoriano después de una aventura que le ha mantenido pedaleando durante los últimos cuatro, para recorrer más de 45.000 kilómetros por más de 35 países en un paseo que iba a ser entre Vitoria- Gasteiz y Estambul, pero que el espíritu aventurero y emprendedor de Eneko le llevó a convertirlo en una vuelta al mundo con la única compañía de la bicicleta. El recorrido no fue completo porque a él y su compañera Miyuki les faltó pedalear por la parte central de América, Estados Unidos y Canadá. Eso queda para una segunda parte que ambos piensan emprender en verano del año 2005.
¿Cómo se termina dando la vuelta al mundo en una aventura que estaba marcada con final en Estambul?
En Septiembre de 1998 comencé a darle vueltas a un viaje entre Vitoria-Gasteiz y Estambul, pensando en preparativos y arrancar después de Navidades. La idea era estar 6 meses por Europa, llegar a Estambul y volver. Ir en bici de aquí a Estambul me parecía una odisea cuando empecé con los preparativos porque no tenía un mapa-mundi para hacerme una idea. Luego vas pedaleando, te enganchas con el viaje, disfrutas y todo se vuelve relativo, mientras tengas tiempo para poder hacerlo y sigas disfrutando con ello sin mirar los kilómetros. Así he llegado a la cifra de 46.000 kms que es más que la circunferencia del Ecuador.
Pero cualquiera no puede emprender una aventura de cuatro años lejos de su hogar y en cualquier rincón del mundo
Cuando idee este viaje acababa de terminar Magisterio y me apetecía tomarme un descanso y no empezar a preparar oposiciones y así surgió la idea del viaje. Hay que reconocer que cuatro años son muchos porque siempre tienes cosas aquí que te atan y no te puedes ausentar mucho. Ni yo mismo esperaba estar tanto tiempo fuera, pero esos límites iniciales que uno se marca, se van derribando y a pesar de algunos contratiempos terminaron pudiendo más las ganas de aventura y aprendizaje que me ha valido la pena.
Como discurría un día normal en esas jornadas de pedaleo
La mayoría de los días dormía en tienda y al despertarme, sobre las ocho de la mañana, desayunaba recogía la tienda y me ponía en marcha hasta la hora de comer. La comida la hacía en restaurantes de las ciudades por las que transitaba por realizar una comida fuerte, descansar bien y entrar en contacto con las gentes de esos lugares, hablar con ellos y relacionarme. Después de esa pausa volvía a pedalear hasta el anochecer, y terminaba el día montando la tienda y cenando. En muchos lugares conocía a gente que me invitaba a comer o a dormir en sus casas y aprovechaba para hablar con ellos y conocer su cultura más a fondo, pero me daba cuenta que siempre me faltaba tiempo para tener un contacto más profundo y cercano de todos ellos.
Han sido 35 países tan variados y exóticos como Australia, Irán, Pakistán. ¿Cómo te entendías con la gente?
Generalmente a través de los gestos y las señas, y con un poco de inglés, que sobre todo utilizaba con la gente más joven de los lugares. Ellos lo estaban aprendiendo en la escuela y deseaban poder practicar con alguien.
Además del idioma, dinero, amigos, la comida también habrá sido algo especial
Al final terminas comiendo de todo y sobre todo cuando te lo dan porque para ellos eres su invitado y no puedes hacer un desprecio a algo que te ofrecen. Recuerdo, por Asia, unos niños que me trajeron el desayuno a la tienda y eran insectos. Me lo tuve que comer y al final descubres su lado bueno.
¿Con qué te quedas como mejor recuerdo después de esta odisea?
El conocimiento de las gentes y su cultura, sin duda. Arranqué con la visión turística que tenemos aquí, de viajar y ver ruinas y monumentos, sin relacionarnos con la gente de esos lugares de destino. Al empezar mi mentalidad era esa, pero sobre la marcha todo iba cambiando y todo el viaje ha sido un salto continuo de conocer gente y lugares maravillosos.