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Nieves Palacios

Nieves Palacios
La clave está en la regularidad

Nuestro cuerpo ha sido diseñado para moverse y requiere, por tanto, realizar ejercicio físico de forma regular para mantenerse funcional y evitar enfermar.
El organismo humano, como consecuencia del entrenamiento habitual presenta modificaciones morfológicas y funcionales (adaptaciones) que van a permitir mejorar la capacidad de realizar un esfuerzo físico y prevenir o retrasar la aparición de determinadas enfermedades. Una persona entrenada será capaz de correr a la parada del autobús sin cansarse demasiado, subir las escaleras del metro sin llegar jadeando, ir a trabajar caminando, jugar con sus hijos o nietos con mayor vitalidad, etc.
Hay evidencias suficientes para afirmar que el sedentarismo es un factor de riesgo para el desarrollo de muchas enfermedades crónicas. También se ha comprobado que quienes llevan una vida físicamente activa de forma regular, pueden obtener una larga lista de beneficios para su salud como son los siguientes:

Prevención y/o retraso del desarrollo de hipertensión arterial. Mejora de su control en personas ya hipertensas.
Mejora del perfil de los lípidos en sangre -reducción de los triglicéridos y aumento del colesterol HDL.
Ayuda al control y regulación de las cifras de glucosa en sangre. Disminución del riesgo de padecer diabetes tipo II (DMNID)
Disminución del riesgo de mortalidad por enfermedades cardiovasculares en general y en especial por cardiopatía isquémica.
Disminución del riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer, como el de colon y el de mama.
Mejora de la digestión y regulación del ritmo intestinal.
Incremento de la utilización de la grasa corporal y ayuda en el control del peso.
Mantenimiento y mejora de la fuerza y la resistencia musculares, aumentando la capacidad funcional para realizar otras actividades necesarias en la vida diaria.
Ayuda al mantenimiento de la estructura y función de las articulaciones. Realizada de forma adecuada es beneficiosa para las personas con artrosis.
Combate del estrés. Ayuda a liberar tensiones y a conciliar el sueño.
Mejora la imagen personal y la autoestima. Permite compartir actividades con la familia y amigos.
Ayuda a luchar contra los síntomas de la ansiedad y depresión, y aumenta el entusiasmo y el optimismo.
Ayuda a establecer unos hábitos de vida saludables en los niños y a combatir los factores -obesidad, hipertensión, hipercolesterolemia, etc.- que favorecen el desarrollo de enfermedades cardiovasculares en la edad adulta.
La actividad física en general y de forma especial aquella en la que se soporta peso, es esencial para el desarrollo normal del hueso durante la infancia y para alcanzar y mantener el pico de masa ósea en adultos jóvenes. Es una forma de tratamiento de la osteoporosis en el mayor.
En adultos de edad avanzada, disminuye el riesgo de caídas y ayuda a prevenir o retrasar las enfermedades crónicas. Aumenta la capacidad para vivir de forma independiente y con más calidad.
Mejora la sintomatología y el pronóstico en numerosas enfermedades: cardiopatía isquémica, hipertensión arterial, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, Obesidad, diabetes, etc.
Durante la infancia y adolescencia se suele mantener un nivel de actividad física suficiente a través del juego y el deporte. Pero las oportunidades de realizar ejercicio físico disminuyen a medida que pasa el tiempo. Debido a los grandes inventos de los últimos años, que suponen adelantos y comodidades en todos los campos, se ha producido una reducción drástica de la cantidad de actividad física que es necesaria hacer tanto en las labores de la casa, como en los desplazamientos, en el trabajo y en el tiempo de ocio. En cualquiera de los países del mundo occidental, los indicadores de actividad física muestran cifras realmente desalentadoras. Según distintas estadísticas el sedentarismo afecta entre un 40 - 60% de la población, y sólo 1 persona de cada 5 alcanza el nivel mínimo de actividad recomendado.
Pero nunca es tarde para empezar. Hay evidencias de que quien aumenta su actividad física tras años de inactividad, puede obtener beneficios para su salud a cualquier edad. Para quienes tengan intención de iniciar un programa de entrenamiento de cierta intensidad y tengan algún tipo de enfermedad crónica o factor de riesgo, y para las personas de más de 40 años, es aconsejable pasar un examen médico previo.

Es esencial que cada cual elija la actividad que más se adapte a sus gustos y habilidades en cada momento, para que de esta forma sea más fácil mantenerse activo toda la vida. Recuerda, la clave está en la regularidad.

Dra. Nieves Palacios.
Jefe de Servicio de Medicina, Endocrinología y Nutrición.
Centro de Medicina del Deporte, CSD.