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Mikel Amigorena

Mikel Amigorena es la última perla de la inagotable cantera de puntistas alaveses con figuras como Kompa o Iker Foronda. A pesar de no alcanzar todavía los 19 años, ya ha pasado por la experiencia de disputar un Mundial en La Habana, de ingrato recuerdo, y tiene marcado con trazo grueso la próxima cita en el 2006 en Méjico, que espera sea el salto al profesionalismo y su deseo de embarcarse en la aventura americana.
La tradición pelotazale de tu familia te ha llevado a la senda de los frontones
Me inicié a los siete años en el mundo de la pelota en el Zidorra P.T. y fue mi padre el que me metió el gusanillo de este deporte. El solía jugar a pala y como en aquellos años estaba en alza la cesta punta probé y enseguida me gustó. Ya son casi doce años los que llevo en los frontones, jugando campeonatos importantes hasta que este año tuve la ocasión de viajar a La Habana para disputar el Mundial.
Sin embargo no recordarás precisamente ese Mundial por los buenos resultados
La verdad es que no porque, independientemente de lo novedoso que resulta una competición deportiva de ese nivel y la experiencia que acumulas, la desgracia se cebó conmigo. Antes de ir me lesioné un tobillo y después de recuperarme rápido para estar en condiciones, en el segundo entrenamiento volví a lesionarme en el otro. Como consecuencia de las lesiones no pude jugar nada a gusto, y los partidos que estuve sobre la cancha no estuve a mi mejor nivel, me faltó confianza y sólo jugué un partido porque el seleccionador no quiso arriesgar a que pudiera recaer otra vez y lesionarme. Además de la mala racha deportiva el Mundial de La Habana fue especial porque los partidos se disputaron en frontones al descubierto y con el clima que hace allí los encuentros eran muy duros por temas como la humedad y el calor que te obligaban a beber continuamente para no deshidratarte.
Esperemos que todo lo malo te sucediera en La Habana y para el próximo todo sean satisfacciones.
Hay que sacar esa lectura positiva y me ha servido como una participación positiva en el sentido de acumular experiencia para la cita de 2006 en Méjico. Me restan tres años por delante para perfeccionar y mejorar mi juego, con el objetivo de llegar a esa fecha en plenitud de mis condiciones. La pelea por el oro siempre está entre Francia y España y en las dos últimas ediciones los franceses se han llevado el primer puesto.
Restan tres años para esa gran cita y el camino a recorrer será exigente
La preparación previa a un Mundial es dura, por el tema de las concentraciones control estricto de las dietas y un preparador físico que te marca el trabajo a realizar. Las semanas previas a estas competiciones de tanta envergadura si que son exigentes, pero luego suele decaer algo el nivel de preparación para citas como el Campeonato de Alava o Euskadi.
Conforme pasen los años y se acerquen las fechas de Méjico se intensificará el trabajo para lograr que llegue a esos partidos en la mejor de mis condiciones, si las lesiones me respetan.
A Méjico 2006 llegarás con 22 años y puede ser el trampolín ideal para dar el paso al profesionalismo
Si juego ese Mundial de 2006, mi siguiente ilusión sería la de debutar en Estados Unidos. Es algo que siempre he tenido en la cabeza y tendré que esperar a ver si se convierte en realidad. Yo comencé en los años que la cesta punta estaba en alza y el sueño de todos los que empezamos en aquella época siempre ha sido estar en Estados Unidos o Filipinas. Reconozco que es algo complicado porque las cosas allí han cambiado con respecto a cómo estaban hace unos años, pero si disputo el Mundial eso me abriría las puertas. La tradición siempre ha sido la de emigrar a Estados Unidos o Filipinas, pero el tema de Filipinas está
imposible porque han cerrado los frontones y sólo queda la opción de Estados Unidos, que tampoco está en su mejor momento.
Mikel Amigorena va a ser la siguiente estrella de la cesta punta alavesa después de jugadores como Kompa o Iker Foronda. ¿Hay una madera especial en Alava para tener tan buenos jugadores en esta especialidad?
Es fruto de la gran tarea de los hermanos Ibarra, que yo en mi caso particular si he llegado hasta donde estoy en estos momentos es por ellos. Son dos hermanos que saben mucho de cesta punta y la viven de una manera muy especial, comenzando por uno de ellos que es cestero y se dedica a confeccionar las cestas y el otro es un excelente entrenador. El mérito y buen momento que vive la cesta punta es gracias a ellos que trabajan con los pequeños, les animan, dan consejos y apoyan para intentar guiarles a lo más alto.