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Teresa Gaztañaga

Teresa Gaztañaga

Esteroide anabolizatzaileen kontsumoa errealitate bat da. Gaurko gizartean, gorputzaren irudia arrakasta sozialaren parte da, eta hori lortzeko esteroideak beharrezkotzat eskaintzen dira. Giharrak, indarra, gizontasuna, sexu grina edota ugalkortasuna handitzeko produktuak direla dio publizitateak... ikerketa pseudozientifikoen bermearekin, interakzioen, kontraindikazioen eta zeharkako efektuen jakinarazpenik gabe. Erraz eskura daitezke; haien banaketan, publizitatean eta salmentan zuzeneko erantzukizunik ez dago; eta, gainera, dituzten kontrako efektuez desinformatuta dago jendea. Horrek guztiak, bada, kontsumoari laguntzen dio. Irabazi handiak eta arrisku itzela dakartzan merkatu bat eratu da.

El consumo de esteroides anabolizantes (EA) es un hecho. En una sociedad como la actual donde la imagen corporal es parte del éxito social, los EA se ofertan como algo necesario para conseguirla publicitándose como productos para aumentar la musculatura, la fuerza, la virilidad, el deseo sexual y la fertilidad... con el aval de estudios pseudocientíficos, sin notificación de interacciones, contraindicaciones o efectos secundarios. Su fácil adquisición y la falta de responsabilidad directa en su distribución, publicidad y venta, junto a la desinformación de sus efectos adversos, ayudan en su consumo convirtiéndose en un mercado lucrativo y un problema de salud pública. En España los datos de la última encuesta de consumo de drogas del Ministerio de Sanidad (2011) citan los EA en el grupo de sustancias de consumo emergente a partir de los 15 años, con un máximo consumo entre los 25-34, bajando hasta los 45-54 para volver a incrementarse ligeramente en los 55 años. Según cita de la Generalitat Valenciana (2010), entre las personas con vigorexia el consumo de hormonas es 7 veces mayor que entre quienes no la padecen y, más recientemente, entre los años 2011-2015 la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ha retirado del mercado cerca de una docena de suplementos alimenticios por su contenido en EA, su comercialización ilegal y riesgo para la salud con efectos adversos, en ocasiones irreversibles. Y es que el consumo de EA produce alteraciones a nivel hepático, reproductivo, cardiovascular –incluida la muerte prematura– y psiquiátrico, además de crear dependencia. Su uso debe limitarse al uso terapéutico en enfermedades que así lo requieran para el crecimiento y formación de tejidos bajo supervisión y seguimiento médico.

¿Por qué decir no al consumo de esteroides? Porque su utilización se limita a tratamientos de enfermedades y convalecencias diagnosticadas con indicaciones precisas, prescripción, receta y seguimiento médicos; porque el reclamo para su consumo indiscriminado siguiendo cánones de belleza corporal basados en la imagen atlética y saludable buscando un éxito social es falso y provoca alteraciones de la salud y enfermedades graves, tanto en hombres como en mujeres, y en todos los rangos de edad en los que se consumen desde la adolescencia; porque su consumo para incrementar el rendimiento deportivo es dopaje; porque su consumo, además, produce dependencia, síndrome de abstinencia, comportamiento violento y porque incita al llamado síndrome de conducta de riesgo elevado consumiendo otros tipos de drogas; porque su compra es ilegal favoreciendo la venta fraudulenta y el lucro de laboratorios y mafias de distribución sin escrúpulos, que comercializan productos donde los esteroides anabolizantes pueden estar identificados o no, sin aparecer en la composición del producto o con nombres de prohormonas no identificados como anabolizantes que provocan un grave problema de salud pública y están perseguidos por la ley; porque el desarrollo armónico del cuerpo y la mente, incluido el componente muscular, se obtiene con la práctica de la actividad física y del deporte, acompañados de una alimentación equilibrada y hábitos de vida saludables que sí nos dotan de una verdadera imagen sana; y porque en el deporte competitivo para obtener resultados satisfactorios, el entrenamiento específico, la alimentación adecuada y la adaptación al entrenamiento y competición forman parte de la mejora del rendimiento físico y son un hecho contrastado.

Entre los efectos adversos se encuentran el acné y ulceraciones; alopecia; retención hídrica, deshidratación e hipertensión arterial; incremento del colesterol LDL y disminución del colesterol HDL y riesgo de aterosclerosis y trombosis; alteraciones en el metabolismo de la glucosa; hipotiroidismo; hepatotoxicidad, riesgo tumoral y cáncer de hígado; disminución de la fertilidad; dependencia, tolerancia, síndrome de abstinencia, insomnio, irritabilidad, euforia, depresión, agresividad y trastornos psicopatológicos; en hombres además ginecomastia –senos–, atrofia testicular, impotencia, reducción esperma e hipertrofia prostática; en mujeres virilización - incremento del vello, cambios en la voz, ensanchamiento de los maxilares, disminución de mamas, aumento del clítoris- y amenorrea; y en jóvenes reducción de la estatura.

Si te ofrecen esteroides, basta con que digas: No, gracias.

Dra. Teresa Gaztañaga
H. Quirón-Donostia, Unidad de Medicina del Deporte Kirolbidea