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Angel M. González

Angel M. González
Compatibilizar actividad física, trabajo y familia

Los indicadores de actividad física (AF) en los países desarrollados resultan desalentadores. Casi la mitad de la población es sedentaria, y sólo 1 de cada 5 personas alcanza el mínimo de AF recomendado para la salud. Sabemos bien que llevar un estilo de vida activo nos reporta claros beneficios en términos de salud, bienestar y calidad de vida, pero la mayoría de las personas no hacen ejercicio y señalan como principal excusa la falta de tiempo. Es cierto que no podemos evadirnos de algunas demandas de nuestra vida diaria, como las responsabilidades del trabajo y de la familia, pero siempre podemos organizarlas mejor para encontrar tiempo para hacer ejercicio. Lo primero que necesitamos hacer es establecer prioridades. ¿Cuáles son las cosas que valoramos? Si realmente valoramos nuestra salud y bienestar, tengamos presente que la evidencia científica al respecto es sólida como una roca: la AF es crucial para una buena salud y bienestar general.

Quizás lo mejor del asunto sea que sólo necesitamos un mínimo de 30’ de AF diaria para disfrutar de estos beneficios. Es el mínimo recomendado, aunque para algunas personas muy ocupadas encontrar un hueco de media hora puede ser bastante complicado. Nos facilitará las cosas saber que la investigación sugiere que podemos dividir nuestros 30’ de ejercicio diario en dos bloques de 15’, o incluso en 3 bloques de 10’. Esto significa que si nos queda poco tiempo libre en nuestro horario, siempre podremos incluir varias tandas de actividad de corta duración en un día, como, por ejemplo, hacer AF durante nuestro descanso para el almuerzo o mientras hacemos nuestros quehaceres diarios.

En cualquier caso, una buena manera de evitar conflictos de intereses es aprovechar nuestro plan de vida diario para que la AF esté presente en nuestras actividades cotidianas. Así será más fácil compatibilizarla con las actividades laborales y familiares. Busquemos en nuestra programación diaria posibles momentos para hacer AF, pero intentando reducir también la cantidad de tiempo que estamos inactivos a lo largo del día. Porque hacer ejercicio es también subir escaleras, ir andando al trabajo, andar un rato durante la pausa para el almuerzo, dar un paseo con un compañero al salir del trabajo, caminar o ir en bicicleta a las tiendas en lugar de coger el coche, etc. No es imprescindible sustituir una actividad por otra. También se puede coger algo de tiempo de una y emplearlo en otra. En este caso, por ejemplo, podemos dedicar algo del tiempo que invertimos habitualmente en leer el periódico y dar un paseo de 15 minutos después del almuerzo. Otra opción es combinar actividades, como cuando transformamos el tiempo con los amigos en AF sugiriéndoles ir a caminar o hacer deporte juntos. Porque, además de aportar beneficios físicos, el ejercicio también puede ser gratificante socialmente, permitiéndonos mantener la relación con otras personas en un ambiente más sano. Además, hacer AF con un compañero de trabajo o con algún miembro de familia puede ayudar a hacer que sea algo divertido y a motivarnos para seguir practicándola con regularidad.

Tener un trabajo que exija moverse o hacer AF ayuda a mantener un estilo de vida activo y saludable, pero si nuestro trabajo es sedentario, delante de un ordenador, por ejemplo, también podemos evitar estar todo el tiempo sentados. Sólo es cuestión de ir andando a hacer algunas gestiones personalmente en lugar de utilizar continuamente el teléfono o el correo electrónico, de olvidarse del ascensor para subir y bajar escaleras, de procurar volver al trabajo dando una vuelta después de comer, o de organizar un campeonato de algún deporte al que seamos aficionados y que nos de una buena oportunidad de hacer ejercicio con los compañeros de trabajo.

Por otra parte, resulta muy conveniente incorporar la AF en la vida familiar. Las oportunidades y la motivación para ser físicamente activo empiezan en casa. Los estudios han encontrado que los niños y adolescentes serán probablemente más activos si sus padres son activos y apoyan su participación en actividades físicas. Algunas sugerencias al respecto serían combinar AF con otras actividades cotidianas, como ir juntos caminando o en bici a hacer las compras o algún recado en vez de usar el coche; establecer límites en la cantidad de tiempo que nuestros hijos dedican a ver la televisión y a jugar con videojuegos; hacer juntos alguna actividad deportiva, como jugar uno contra uno a baloncesto, o a dobles en tenis, o ir juntos a nadar; orientar las vacaciones familiares hacia la AF para que incluyan excursiones y otras propuestas también activas, etc. Eso sí, siempre con el objetivo último de que la AF compartida resulte una experiencia agradable y una oportunidad de disfrutar siendo activo. Así, sí que engancha.

Dr. Angel M. González
Profesor Facultad Ciencias Actividad Física y Deporte UPV/EHU