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Cristina Gallo / Montserrat Martín

Abuso sexual infantil una realidad poco (re)conocida en el deporte

Haurrei egindako sexu abusuen arazoa gure gizarteetako arlo guztietan dago, eta, zoritxarrez, kirola ez da salbuespena. Ikerlan epidemiologikorik ez dagoenez, ezin da benetako egoera zein den zehaztu, baina azken hamarkadetan argitaratutako albisteak aztertuta garbi dago arazoa aspalditik hor dagoela, berdin dio zein kirol diziplinari edo zein mailari begiratzen diogun.

El abuso sexual infantil es un problema que tiene presencia en todos los ámbitos de nuestras sociedades y, lamentablemente, el deporte no es una excepción. Datos publicados en 2009, en la prestigiosa revista Lancet, por Gilbert y colaboradores, alertaban que el abuso sexual infantil es un peligro aún muy presente en los países industrializados. El estudio afirma que, durante la infancia, entre un 5 y un 10% de chicas y hasta un 5% de chicos están expuestos a abusos sexuales severos y este número se multiplica por tres cuando se refiere a cualquier tipo de abuso sexual.

Ya en el 2007 el Comité Olímpico Internacional (COI), reconoció que ningún deporte es inmune a esta problemática, independientemente del nivel de competición. Desde entonces ha invertido recursos y tiempo para concienciar a los países miembros de la necesidad de reconocer, tratar y erradicar el problema. Pese a las alertas y los estudios realizados en algunos países como Australia, Canadá, Noruega y Reino Unido, en el deporte español esta realidad ha tardado en visibilizarse para el grueso de la sociedad y a reconocerse por parte de los organismos públicos deportivos. Ha sido a partir de 2010 y muy especialmente a partir de finales de 2012, cuando varios casos captaban la atención de los medios de comunicación.

La detención en febrero de 2010 de Torres Baena, entrenador nacional de kárate y presidente de la Federación de Las Palmas, sacó a la luz el mayor caso de pederastia juzgado en la historia de España y Europa, que concluyó, tres años más tarde, con una condena de más de 300 años de prisión. Igualmente dos casos muy mediáticos como el de Carballo, seleccionador de gimnasia artística femenina, acusado de abusar de varias gimnastas en la época de los 80; o el del recientemente fallecido, Manel Comas, entrenador de baloncesto de la liga ACB, contra el que un juzgado de Sevilla abrió procedimiento por un presunto delito continuado de abuso sexual contra dos menores discapacitadas, han puesto los focos sobre el problema.

La falta de estudios epidemiológicos sobre los índices de abusos sexuales en el deporte no permite concretar cuál es la situación real. No obstante, el análisis de las noticias publicadas desde la década de los 80 hasta la actualidad, confirma que el problema existe desde hace años y su presencia no depende de la disciplina deportiva ni del nivel; predominando los casos denunciados a nivel de base o recreativo.

La prensa escrita que hemos podido analizar recoge estos casos en las páginas de Sociedad, Sucesos, Local, Nacional o Tribunales, un hecho que dificulta la percepción y el reconocimiento de que en el deporte también hay casos de abuso sexual infantil. La clasificación de estas noticias nos muestra un amplio abanico de modalidades deportivas: kárate, judo, piragüismo, baloncesto, ciclismo, taekwondo, buceo, gimnasia, natación, voleibol, etc, en las que se ha cometido abusos sexuales a menores, aunque un importante número de las mismas corresponden al ámbito del fútbol a nivel de base o recreativo. Este dato no es de extrañar cuando la práctica del fútbol es tan mayoritaria en todo el estado español.

Con esta información no queremos alarmar, ni presuponer que en todos los clubes deportivos hay abuso sexual, más bien al contrario. Por suerte el abuso sexual infantil en el deporte no es una práctica muy extendida. Hay muchas personas que realmente hacen un trabajo estupendo con los infantes y los jóvenes en el deporte, y que éstos son muy felices practicando, eso es innegable. Lo que se pretende con este texto es avisar, poner en conocimiento de familias y del mundo adulto que rodea al deporte, que el abuso sexual infantil existe y puede existir allí donde estamos y que nunca está de más preguntar, hablar, comentar con los y las deportistas. Por ejemplo, ¿Qué hacen cuando entrenan? ¿Qué relación tienen con las personas adultas que los supervisan?¿Qué es lo que más les gusta y lo que menos de lo que hacen cuando entrenan? Y sobre todo, sobre todo, no pasar por alto ni decir que es “cosa de niños” cuando después de entrenar hacen comentarios que no tienen sentido, que no sabemos a qué responden. En estos casos en vez olvidarlos lo que tenemos que hacer es asegurarnos de que no responden absolutamente a nada relacionado con abusos y mucho menos con abusos sexuales. La mejor prevención es abrir bien los ojos y los canales de comunicación con los y las menores; y nunca negar la posibilidad.


Cristina Gallo, periodista y escritora / Montserrat Martín, Universitat de Vic