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Laura Carbonero y Gonzalo Flores

Laura Carbonero y Gonzalo Flores
Fair-play para familias

Bizitzako lehen urteetan, familia, eskola eta pertsona berdinen taldea dira –ordena horrexetan– kirol agente sozializatzaile nagusiak. Familiak izan ohi dira seme-alaben lehenengo kirol esperientziak bideratzen dituztenak, eta neurri handi batean beren ezaugarri eta beharretara egokitzeko ardura izango dutenak. Era berean, gurasoek beren jokabide eta jarrerekin joko garbiaren (fair play) eredua eman behar dute.

En los primeros años de vida, los principales agentes socializadores deportivos son la familia, la escuela y el grupo de iguales, por este orden. En el caso de las familias, éstas son habitualmente quienes facilitan las primeras experiencias deportivas de sus hijas/os, y quienes en gran medida tendrán la responsabilidad de que se adecuen a sus características y necesidades. A la vez, son los progenitores quienes deben dar ejemplo de juego limpio o fair-play con sus propios comportamientos y actitudes.

Cuando hablamos de “deporte en edad escolar” nos referimos a la práctica deportiva destinada a la población en edad de escolarización en los centros escolares o fuera de ellos. Este deporte debería tener identidad propia, y es necesario que se diferencie claramente del modelo de deporte adulto y del deporte espectáculo o de rendimiento. Este último no siempre es portador de valores positivos para las y los más jóvenes, puesto que tiene como objetivo alcanzar la victoria, llegando a violar normas o utilizando estrategias poco adecuadas y emuladas posteriormente por los más jóvenes. El deporte en edad escolar tiene como principal misión educar en el sentido más amplio del término, y utilizará la competición como medio de motivación, más que como una finalidad. Por ello, los rasgos fundamentales del deporte en edad escolar estarían basados en la diversión, la participación democrática y la no discriminación, el aprendizaje, la socialización, la salud, y la promoción de valores y actitudes de responsabilidad, civismo y respeto (Prat y Ventura, 2010).

Apostar por este tipo de deporte requiere de la sensibilización y consenso por parte de los colectivos implicados: familias, equipos técnicos y entidades deportivas. El papel de las familias es clave, pero es habitual que éstas deleguen la responsabilidad de la formación deportiva de sus hijos en la escuela o club (Cruz y otros, 2000), obviando en cierta manera sus responsabilidades y derechos.

Ante este panorama, y teniendo en cuenta la influencia social del deporte espectáculo, el modelo de deporte educativo se enfrenta al reto de promocionar una filosofía de deporte formativo acorde con los principios elementales del fair-play: tolerancia, respeto a normas, instalaciones y personas, cooperación, honestidad y otros.

¿Cómo pueden contribuir las familias en la promoción del fair-play?

Es importante partir de una idea: el concepto de deporte que tengan niñas/os y jóvenes dependerá de cómo lo entiendan sus padres y madres, de cómo afronten las victorias pero también los fracasos deportivos, de cuáles sean sus comportamientos en la grada, etc.

Actuaciones deseables entre las familias que acompañan a sus hijos en la práctica deportiva:

En relación al equipo de las/os hijas/os

Favorecer un clima positivo: es necesario reflexionar sobre la propia actitud y preocuparse de participar de manera positiva, apoyando y respetando a todos los participantes. Hay que evitar perder los papeles, chillar y realizar comentarios negativos o despectivos. Esto incluye relativizar el resultado final, aún cuando sea desfavorable.

Respetar el trabajo del equipo técnico: cuando los padres confían la formación deportiva de sus hijos en la escuela o en un club, deben respetar el trabajo de unos entrenadores cualificados. Es necesario establecer vínculos de colaboración y de trabajo conjunto sin cuestionar su trabajo.

Fomentar el “sentimiento de grupo”: padres y madres son una parte importante para asegurar una imagen positiva del equipo, club o escuela.

Todo esto incluye dar ejemplo de respeto hacia las normas, materiales y personas de las instalaciones propias y ajenas.

En relación al adversario o equipo contrario

Las familias deberán ser ejemplo de autocontrol y de respeto hacia los componentes del equipo contrario o adversarios (deportistas, entrenadores, aficiones, etc.). Aunque resulte obvio, lamentablemente no siempre es así.

El ambiente entre aficiones rivales debe caracterizarse por la deportividad y el fair-play. Es imprescindible que los niños y jóvenes deportistas vean un clima positivo y de respeto mutuo.

En relación a la figura arbitral

Se desaconseja discutir las decisiones arbitrales, aún cuando puedan resultar controvertidas. De esta manera, se pueden evitar situaciones desagradables.

Por último, cabe señalar la importancia de que las escuelas o clubs deportivos apuesten por una “filosofía de tolerancia cero” respecto a las posibles conductas negativas provenientes del ámbito familiar de los deportistas. Así, es necesario que las normativas contemplen medidas y actuaciones destinadas al fomento del fair-play, como la incorporación de códigos éticos de conducta o decálogos de buenas prácticas.

Laura Carbonero y Gonzalo Flores

Grupo de Investigación Innovación y Valores en la Educación Física y el Deporte (IVE-UAB)