Estadio online | ES | EUS
Menu

Carles Ventura

Carles Ventura
El valor del deporte

Ya nadie duda de que el deporte, y especialmente el que se conoce como deporte-espectáculo, se ha convertido, a finales del siglo pasado y sobretodo durante el presente, en un fenómeno social de dimensiones universales.

En ocasiones pero, y lamentablemente, el deporte se nos presenta de unas formas del todo inaceptables. Todo el mundo recuerda, no hace muchos meses, actitudes xenófobas del público en un partido de fútbol respecto a un jugador de color, o insultos al árbitro y vandalismo general en los estadios deportivos al finalizar un partido. ¿Es ese el deporte que queremos transmitir a nuestros hijos/as? Estoy convencido de que, sin vacilar, me contestarás con un rotundo no.

Pero, desgraciadamente, y dejando de lado el deporte de élite ¿qué pasa, en ocasiones, en los estadios o en los pabellones de nuestra ciudad o pueblo durante un partido, por ejemplo, de futbol alevín, un fin de semana cualquiera? ¿Qué valores se aprecian? ¿Los padres/madres chillan, critican y hasta insultan al árbitro? ¿Se convierten estos en un segundo entrenador/a “de grada”, fomentando que su hijo/a juegue, por encima de todo, para ganar? ¿Tiene en cuenta el entrenador/a la mejora del aprendizaje más allá de la victoria? Si no es así, estamos en el buen camino. Pero la realidad, la triste y tozuda realidad parece que nos invita a pensar lo contrario. En un estudio del Institut Barcelona Esports (2008) se aprecia que más de la mitad de los escolares afirman ver actitudes antideportivas entre sus familiares, un 33% reconoce que los jugadores chillan e insultan a los oponentes y que un 25% dice que los familiares y entrenador/a dan habitualmente la culpa de la derrota al árbitro.

¿Te extrañas, apreciado lector/a, de los resultados? ¿Qué valores queremos, pues, fomentar con el deporte? ¿La violencia, la exclusión, la competición y la rivalidad mal entendida, el juego sucio y el “todo vale para ganar”? O bien ¿valores como la amistad, el esfuerzo, la inte- gración, la cooperación y el respecto? Y es que el deporte, por si sólo, nos puede presentar esas dos caras, esas dos dimensiones.

Los familiares deberían fomentar el respeto y la colaboración en su hijo/a cuando juega. Deberían pensar más en la diversión y en la mejora de la salud fisiológica, psicológica y social que supone la práctica deportiva en sus hijos/as, que dedicarse a criticar al árbitro o insultar a los oponentes. Sería interesante crear un clima agradable cuando van a ver un partido, preguntar más por cómo se lo ha pasado el hijo/a, si se ha divertido, que por el resultado. Los entrenadores/as deberían transmitir ilusión, pasión y aprendizaje en sus jugadores/as. No centrarse en la victoria, temporal a corto plazo, en el ganar “a toda costa”, y sí más en el esfuerzo, en la constancia, en el buen ambiente de grupo entre sus discípulos. Deberían inculcar la importancia que tiene para el juego el papel del árbitro y que sin la presencia del otro equipo, el juego no sería posible. Las entidades deportivas y la administración deberían centrar su atención en un deporte más educativo que competitivo. Promocionar el juego limpio, creando campañas al respeto. Los medios de comunicación deberían abandonar la emisión de noticias u opiniones que inciten a la violencia, “el uno contra el otro” y dedicar más espacio para el deporte, única y exclusivamente, para el deporte. Y aquí no me extenderé en hablar de la poca o hasta la nula atención que presentan éstos al deporte femenino; y sino te sugiero que hagas la siguiente actividad; ¿me puedes calcular el porcentaje de páginas del periódico, que lees habitualmente, que habla del deporte femenino? ¿y del masculino?
¿Y los jugadores/as-niños/as? ¿Qué deberían de hacer? Desde mi punto de vista, tener una actitud crítica y activa ante los valores negativos del deporte, trabajo que se podría hacer en las escuelas y en los institutos, y sobretodo, deberían pen- sar más en jugar, colaborar y respetar, que en ganar.