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Guillermo Pérez Recio

Trabajo , rutina , trabajo , rutina

“Paréntesis vacacional” es una expresión tan manida y poco original como “el fútbol es así”, “serpiente multicolor” (en ciclismo) o “hemos ganado” (cualquier partido político después de unas elecciones). Sin embargo, encierra un concepto importante en sí misma. El elemento diferenciador y más importante de las vacaciones es precisamente el poder romper con la rutina y la oportunidad que nos brindan de hacer y vivir algo distinto que nos ayuda a ser mejor personas, o al menos a vivir de una manera distinta que nos enriquece. No creo que se pueda hablar de un significado unívoco de las vacaciones. No sé si es una vivencia compartida, pero para mí mismo, las vacaciones han ido cambiando de significado con el tiempo. Desde mi niñez en la que la llegada de los largos periodos vacacionales escolares solo significaban ¿dónde iremos esta vez, a la playa o a la montaña? Para seguir jugando y absorbiendo la vida. Pasando por la juventud en la que las vacaciones eran sólo otra manera de vivir el presente. Incluso llegando a edades más adultas el significado y la vivencia han cambiado. En los primeros años de trabajo, he de confesar que las vacaciones podían servir para hacer más y mejor trabajo. Llegados aquí, tengo que explicar y reconocer que he tenido mucha suerte y que mi trabajo siempre me ha apasionado. Pero, con el tiempo, y a pesar de esa pasión, las cosas cambian. Y de año en año, la necesidad de abrir ese paréntesis se ha ido agudizando. Al principio uno se preocupaba por ello. ¿Será vagancia? ¿Tengo menos resistencia? (Este sí es real). Hasta que caes en la cuenta que, como persona, necesitaba tiempo para hacer todo aquello que el ritmo de la vida normal te impide.
Y aquí llega el gran quid. Conseguir que las vacaciones sean ricas y fructíferas es un arte que debe adaptarse a las necesidades de cada uno. Creo que es importante escoger con cuidado qué hacer con esos preciosos días que las vacaciones nos brindan. Es un hecho que hay gente que, aparentemente, es especialista en estropeárselas. Por ejemplo, se meten en un coche lleno de familia y bártulos y se adentran en un atasco sin fin para llegar a una localidad costera con más gente y colas que en su ciudad de origen. Pero qué sabemos los demás. Igual era su necesidad vital. Lo cierto es que, a pesar de las malas elecciones, las vacaciones tienen un poder tal que suelen acabar afectándonos profundamente. Perder de vista el despertador o cambiar de horarios, de ambiente o de gente; y sobre todo, de actividades y disfrutar de amigos y familia nos convierte en más humanos. Y hasta llega a cambiar nuestra sensibilidad. Mi mujer lo explica de una manera que me parece indiscutible. Me dice ¿No ves las cosas de cada día de una manera distinta en vacaciones? Es que ahora tengo tiempo para observarlas con cuidado y me las miro con más intensidad. Pues eso, que las vacaciones se han convertido en un bien precioso, y que he decidido cuidarlas con más cariño. Más que nada porque así me cuido más a mí mismo. Así que hago el propósito de no perder días sin disfrutarlos. Ya veremos hasta dónde puedo llegar... porque los buenos propósitos de año nuevo también ayudan, pero la vorágine del trabajo... Pero al menos haré algo práctico. Voy a dedicar un tiempo a hacer una lista con aquellas cosas con las que sé que disfruto o me voy a encontrar mejor después de hacerlas. La llevaré conmigo y la repasaré de vez en cuando para no perder de vista mi idea de llenar este paréntesis con energía para mí y los míos.