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Miguel Ibarlucea

El desarrollo físico de los niños puede estar en peligro

La práctica del deporte y de la actividad física no sólo es necesaria en la edad adulta. Desde sus primeros meses de vida, el niño, a través del juego, adquiere una serie de valores y capacidades físicas y psíquicas que serán fundamentales para su posterior desarrollo. El juego, una necesidad natural del niño, es mucho más que los fundamentos de práctica deportiva futura. Siempre recordaré el día en el que a mi sobrino le compraron su primer ordenador. El tenía ocho años y su hermana tres. Mientras él, con ayuda de su padre, sacaba la CPU, la pantalla y el teclado de la enorme caja de cartón, su hermana Lucía miraba con cara de sorpresa. De repente, levantó la cara y, dirigiendo la vista hacia su hermano, le preguntó: “¿Ahora que tienes este juguete, ya no vendrás al parque?” Esa pregunta inocente me hizo pensar en un tema realmente preocupante, y del cual quizá aún no hemos tomado suficiente conciencia: el desarrollo físico de los niños puede estar en peligro. Los niños ya no juegan como lo hacían antes. El vivir en una gran ciudad, donde los espacios para recrearse están limitados –en Vitoria-Gasteiz somos unos afortunados-, la falta de tiempo de los padres, el ordenador y los juegos de alta tecnología han relegado a un segundo término el juego al aire libre. Sin embargo, y sobre todo en sus primeros años de vida, es mediante este juego a través del cual el niño imagina, aprende, se comunica y, en definitiva, descubre el mundo. ¿Nos hemos planteado de este aspecto lúdico para la formación del niño? Los principales especialistas del juego y los fabricantes a nivel mundial acreditados en juegos infantiles, manifestamos nuestro compromiso y preocupación por esta realidad.
Como conocedores del mundo infantil, basamos nuestra su filosofía en el niño como centro de atención. Consideramos que todo lo que planteamos, diseñamos y construimos debe ser entretenido e instructivo para los niños. Decimos “…nosotros, como padres de los ciudadanos del futuro, tenemos la obligación de ofrecerles los medios para desarrollarse al máximo con juegos divertidos y retos adecuados para cada edad.”
Las experiencias que tenemos en la niñez influyen en toda nuestra vida. Por lo tanto, una infancia segura, llena de buenas experiencias, es la mejor preparación para una vida adulta. En las edades más tempranas, estas “buenas experiencias” se viven a través del juego. Al aire libre, en un parque el niño corre, trepa, salta, conoce a más niños, aprende a relacionarse, a compartir, a soñar … e incluso a respetar la naturaleza. Por eso, nosotros los adultos debemos crear un espacio apropiado para todo ello y, además, dedicarles algo de nuestro tiempo. Un parque realmente completo tiene que contener espacios que estimulen a los niños, que desarrollen su motricidad y la interacción social y proporcionen un entorno donde fomentar la valentía y la curiosidad. Un niño aprende experimentando, tratando de saber hasta dónde puede llegar, poniendo a prueba sus habilidades, y en ocasiones, hasta sus rodillas o su frente –los golpes siempre van a parar a estas partes del cuerpo-, pero es de esta manera como irán adquiriendo conciencia de sí mismos, de qué es lo que no deben hacer, porque “duele”. Todos hemos aprendido a no ponernos delante de un columpio si alguien se está balanceando, porque nos hemos llevado alguna que otra patada fortuita. Sin embargo, nuestra tarea está en ofrecer a los niños emoción, riesgo, aventura, y, a su vez garantizar a los padres su seguridad. Por este motivo, el Estadio, siguiendo las normativas europeas, no instala ningún juego que no sea completamente seguro.