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Josean Lekue

Por tu salud, muévete

Resulta evidente: es época de planes. El otoño trae consigo el comienzo del curso académico, la vuelta al trabajo, cambia la programación de TV y radio, arrancan las ligas... Una marea de actividad que nos empuja a acometer nuevos retos, algunos inacabados y otros nuevos. La actividad física es uno de esos retos en los que depositamos buena parte de nuestras renovadas expectativas. Y a diferencia de la mentalidad “a corto plazo” que llena los gimnasios en los meses de Mayo y Junio con un objetivo más estético con miras al verano -algo lícito y saludable por otro lado-, el otoño presenta una perspectiva más “a largo plazo”. Buscamos un compromiso duradero con la actividad física, el único eficaz y positivo para nuestro estado de salud. He aquí algunas consideraciones prácticas: Establecer objetivos: El pasado 7/Abr la OMS celebraba el día mundial de la salud bajo el lema “Por tu salud, muévete” para contrarrestar el sedentarismo, que se ha convertido en una de las diez causas fundamentales de muerte y discapacidad en el mundo, y consagrar el deporte como una herramienta básica de prevención y tratamiento de enfermedades. Ese debe ser el objetivo fundamental: mejorar la salud (en su completa dimensión física, psíquica y social) a través del ejercicio para lo que, como ocurre en otras actividades humanas, es indispensable la continuidad Sea cual sea el nivel físico de partida es esencial respetar el principio de progresión. Los “atracones” concentrados en el tiempo casi garantizan una indigestión en forma de abandono, sobre todo en los menos avezados. Introducir el principio de variedad. Hay muchas personas que se ciñen a una única actividad y que no se plantean alternativas. Combinar el caminar o correr con algunos juegos que aporten una dimensión más lúdica puede resultar más enriquecedor desde el punto de vista físico. Eso sí, desterrando algunas contraindicaciones, ciertos deportes y evitando riesgos innecesarios que distorsionen el objetivo primario que es la salud. Introducir, sin ningún miedo, el trabajo de fuerza. Siempre con la supervisión técnica precisa y adaptando las cargas a las características de cada sujeto –los beneficios son insospechados. Asociar la actividad física a otros hábitos de salud positivos como el buen descanso –horas de sueño adecuadas- y una correcta alimentación –sencilla, variada y bien distribuida en cantidad y calidad- supone un refuerzo de gran valor que multiplica sus efectos positivos. No te engañes a ti mismo. La dosis oportuna de entrenamiento es una cuestión individual. El objetivo no debe ser imitar al de al lado ni repetir los entrenamientos de personas con un nivel físico alto o soñar con sus abdominales sino ir conociendo nuestro propio cuerpo y ajustar las exigencias a los propios gustos y posibilidades. Sólo ajustando las cargas a nuestras propias características podremos disfrutar y mejorar con la actividad física. Conviene recordar, por último, que la carga de trabajo comprende el volumen –horas de entrenamiento o km. recorridos por semana- y la intensidad -nivel de esfuerzo- que nos ayudarán a cuantificar nuestra dedicación. Por cierto, tampoco viene mal refrescar el sentido común en esta materia. Es probablemente nuestro mejor consejero. Objetivo mejorar la salud, principio de progresión, combinar otros hábitos de salud y no engañarse a uno mismo.