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Juan Zuazagoitia

Andar como fuente de salud en Vitoria-Gasteiz

Nuestra ciudad va cambiando. Donde hasta ahora había fábricas se proyectan lujosos apartamentos o edificios culturales, sociales o grandes superficies; donde había campas y ciénagas ahora protegemos humedales y fauna salvaje; calles que antes eran estrechas y sin aceras, ahora se convierten en aceras sin calle. No hay duda de que las cosas están cambiando. La ciudad la hacemos quienes vivimos en ella, y ella nos va haciendo a nosotros. Lógicamente, también nuestros hábitos van cambiando y especialmente los relacionados con una vida más sana. Nuestra ciudad es envidiable por su diseño, la calidad de sus servicios y la oferta plural que posee. También es verdad que una ciudad con buenos servicios nos facilita las cosas y nos hace movernos menos en busca de las cosas que necesitamos. Esto hace que nos hagamos más cómodos. Esta apreciación se confirma con los últimos datos disponibles, en los que aparece que cada vez realizamos menos ejercicio físico. Se ha demostrado que andar o pedalear 30 minutos al día, la mayoría de los días, puede reducir a la mitad el riesgo de enfermedad cardiaca. También disminuye en un 50% el riesgo de padecer diabetes en el adulto y un 30% el riesgo de desarrollar hipertensión. En uno de los primeros estudios epidemiológicos desarrollado en Inglaterra a principio de la década de los 50, Jeremy Morris, médico de los empleados públicos de Londres, observó durante años a los conductores de los típicos autobuses londinenses y comparó sus historias médicas con las de los cobradores, que vendían los billetes y caminaban permanentemente por el autobús subiendo y bajando las escaleras. Los conductores, que estaban siempre sentados, sufrieron un 35% más de infartos de miocardio que los cobradores. Es necesario mantener o recuperar el hábito de andar en nuestros desplazamientos habituales dentro de la ciudad. La inactividad física es un factor de riesgo en sí misma, y, además, tiene una influencia negativa directa sobre otros factores de riesgo (p. ej. obesidad, hipertensión, metabolismo del colesterol). Muchos de nosotros y nosotras, urgidos por esta sociedad de lo eficaz y del aprovechamiento del tiempo, vamos de un sitio a otro lo más rápido posible. Nos parece que el ir a pie, cuando es posible, es una pérdida de tiempo, algo sin importancia entre dos acontecimientos con sentido. Por ello, recurrimos habitualmente al coche para ir al trabajo, o de compras o para visitar a alguien. Nos permite hacer bastantes cosas en poco tiempo y llegar a tiempo a todos los compromisos adquiridos. Y es verdad, pero a costa de nuestra salud. Nuestras andanzas y caminatas por la ciudad no son un tiempo muerto, sino un tiempo aprovechado y ganado para nuestra salud. De hecho, ya hay muchas personas a nuestro alrededor que hacen del andar y de la actividad física una forma de ser y estar en la ciudad. ¡Han hecho una elección saludable!
La inclusión del hábito de andar, o de montar en bici para algunos, en nuestros desplazamientos cotidianos es una manera poco costosa de recuperar hábitos sanos. Es bueno repensar cómo es un día normal nuestro e incluir el desplazamiento a pie en los quehaceres cotidianos. Así vamos invirtiendo minutos de actividad física. Esos minutos de más gastados en desplazarnos son minutos ganados para una vida sana. Una buena estrategia para mantener el hábito del ejercicio físico es compartir esa actividad con otros, y así sumar otros objetivos al hecho del ejercicio físico. Tal vez sea ir a por setas, o hablar con personas amigas, o visitar a esos conocidos, … Tal vez a la vuelta venga con paquetes, ¿por qué no voy andando y vuelvo en autobús? Ciertamente disponemos de oportunidades variadas para andar o ir en bici por la ciudad. Las calles peatonales, los anchos paseos, los recorridos naturales alrededor de Vitoria-Gasteiz son ocasiones para incrementar nuestra salud. ¡Hagámoslo algo corriente, cotidiano!