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Luis V. Solar

Deporte en verano. Desarrollo, descanso y diversión

Sobradamente sabemos que la educación es un proceso continuo. Una evolución que no finaliza en una fecha fija. Dicho de otra forma: la educación no toma vacaciones. No cerramos nunca la capacidad de captar estímulos, por lo que, siempre y en cualquier edad, estamos sometidos a un proceso de aprendizaje al que, cuando es ajeno a la transmisión convencional de conceptos, llamamos experiencia. En las vacaciones, sobre todo en las más largas, las de verano, la educación de nuestros hijos corre el riesgo de quedar al albur de experiencias no controladas. Las razones mas frecuentes de este “descontrol” son de dos tipos:
1. Pensar que los niños y niñas deben detener su proceso de aprendizaje, para recuperar fuerzas y motivación para el próximo curso.
2. Creer que la recuperación vacacional de los escolares tiene su única vía de conexión con “la diversión”, en el polo opuesto de la “aburrida” educación del aula.
Ambas razones tienen agarraderos teóricos con fundamento, pero son insuficientes porque parten de la idea que conexiona “trabajo” con “educación” e ignoran “la recreación” en los procesos formativos. Es bien cierto que el descanso, en tanto que cambio de actividad, es necesario en la regeneración del interés de nuestros hijos. El verano, en consecuencia, ha de ser un rearme de ganas para iniciar el próximo curso.
También es verdad que la diversión formará parte del mismo descanso, además de perfilar gustos, tendencias de ocio, aficiones.... Pero igualmente es cierto que a Descanso y Diversión hemos necesariamente unir la tercera “D” la del desarrollo personal. Joffre Dumazedier –ex profesor de la Universidad de La Sorbona- ha insistido mucho en la necesidad de no obviar la “D” del desarrollo, del crecimiento como persona, en el ocio. El porqué de esta necesidad no es otro que la razón con la que iniciábamos este escrito: el proceso educativo no toma vacaciones. Las experiencias vacacionales de nuestros hijos han de ser divertidas y distintas a los métodos del resto del curso, pero relacionadas con el aumento de estímulos de aprendizaje. Esto significa que hemos de ponerles en situaciones que permitan el desarrollo de sus capacidades. Este es el momento, de recordar que los padres somos el principal pedagogo de nuestros hijos, y que si bien lo somos siempre, en vacaciones además estamos menos asistidos que nunca en esta función. Pero el ocio, con las necesarias “tres des” del Descanso, la Diversión y el Desarrollo no es, ni en verano ni nunca, un exclusivo patrimonio juvenil a cuidar por el adulto responsable, es una actitud personal ante el cese de la labor impuesta, sea esta el estudio o el trabajo profesional. Por tanto, el tiempo de vacaciones, el nuestro, como el de nuestra gente, es un tiempo para la formación divertida en compañía de hijos, padres o amigos: es la vía consecuente del descanso. El aparente contrasentido del descanso basado en la actividad es una formidable aportación de la actividad deportiva al ocio. El deporte con los amigos nos ubica como actores en la sociedad de los espectadores, o aun más precisamente de los telespectadores, en tal sentido la actividad deportiva se coloca en un estadio superior que la mera observación a la que tan dados somos en nuestra rutina cotidiana. En la elección de las actividades que cumplan con las premisas expuestas –descanso, diversión y desarrollo personal- y con el necesario concurso de la variedad, que aportarán la dimensión intelectual y la cultural del ocio, el deporte en compañía de amigos, es una fuente de experimentación bien orientada al desarrollo personal, es divertido y proporciona el merecido descanso de la rutina y la cotidianeidad. En otro sentido la relación social que favorece el entorno vacacional y deportivo conforma, con frecuencia, los lazos de amistad y de confianza compartida de los que nuestro tiempo y tipo de vida no andan demasiado sobrados, ¿Qué más podemos pedir al verano y al deporte?

Dr. Luis V. Solar