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Kepa Lizarraga

Actividad física en ambiente frío

Ahora que llega el tiempo frío, la práctica de ejercicio físico tiene particularidades que conviene conocer para mantener la salud. Si atendemos en primer lugar al medio ambiente, debemos saber que el frío viene acompañado de importantes disminuciones de la humedad del aire. Veamos por lo tanto cómo nos afectan el frío y la sequedad. A bajas temperaturas y en condiciones de reposo la sangre tiende a concentrarse en el interior del cuerpo, con lo que la temperatura en grupos musculares y articulaciones periféricas se ve reducida. Si iniciáramos así un esfuerzo físico exigente, la aptitud sería baja y elevado, en cambio, el riesgo de sufrir lesiones. Sin embargo, si comenzamos el ejercicio físico de forma suave, progresiva y con gestos sencillos, los músculos se alientan por la producción de energía y reciben un aumento del riego, acelerándose sus reacciones químicas y mejorando la eficacia. Esa mejora trae consigo una mayor velocidad de la transmisión de los impulsos eléctricos mediante los que llegan las órdenes desde el sistema nervioso hasta los músculos, mejorando la velocidad de respuesta y la coordinación neuro-muscular. Y, ¿qué ocurre con la elasticidad? En frío los fluidos corporales son más viscosos, tal como ocurre con el aceite, que en frío se vuelve denso y sus movimientos son lentos y, sin embargo, en cuanto lo calentamos es mucho más fluido. Algo similar ocurre en nuestro cuerpo: un buen calentamiento hace que disminuya la viscosidad de los líquidos y mejore la elasticidad de las fibras musculares y tendinosas y la de las propias articulaciones. En reposo al organismo le basta con respirar menos de 10 litros de aire cada minuto para vivir con normalidad.
Sin embargo, durante el esfuerzo físico,ese volumen se multiplica y, a intensidad media, una persona de 70 Kg puede ventilar entre 50 y 70 litros de aire cada minuto, que llegan hasta cerca de 150 ó más cuando el trabajo es máximo. Imaginemos ahora que todo ese volumen de aire es frío y, por consiguiente, seco. Al entrar en los pulmones se calienta y entonces es capaz de captar mucho más vapor de agua. ¿De dónde lo obtiene?: De nuestro aparato respiratorio. Nos roba la humedad de la mucosa que recubre los labios, la cavidad bucal, la garganta, traquea, bronquios y su efecto llega hasta los propios alvéolos pulmonares. El agua que nos quita el aire frío es la que aparece en forma de una nubecilla de vapor cada vez que espiramos y, dado que durante el ejercicio físico respiramos más, también deberemos tener en cuenta la necesidad de reponer a conciencia esa importante pérdida de líquido. Otro importante detalle a considerar es el del vestuario aconsejable para el ejercicio en ambiente frío. Su variedad es tan amplia como la de los tipos de actividad que podemos realizar, y no vestirán igual en corredor de fondo que un piragüista, ni un montañero lo hará como un esquiador de alpino. Sin embargo, en todos los casos convendrá llevar cubiertos los principales grupos musculares y articulaciones, así como las anos, la cabeza (mejor con algo de visera, para evitar molestias por la baja posición del sol) e incluso la boca, y adaptar las prendas a la temperatura e intensidad del esfuerzo de cada momento, ya que si nos quedamos cortos pasaremos frío y, si nos pasamos, sudaremos. La aparición del sudor es especialmente peligrosa en ambiente invernal, ya que la humedad reduce gramáticamente la capacidad aislante de las prendas. Por esto, en lugar de emplear ropa fabricada con tejidos hidrófilos, como el algodón, que retienen el sudor, recomendaremos otra de fibras hidrófobas, tratada y tejida de forma que facilite la expulsión de la humedad al exterior, manteniendo el cuerpo seco. Recapitulando sobre qué hacer para salir indemnes de la práctica de actividades físicas en ambiente frío recordaremos que es preciso ajustar el vestuario para evitar la sudoración, escoger prendas que nos ayuden a mantenernos secos, calentar y estirar de forma minuciosa e hidratarnos a conciencia para reponer el agua que, de forma taimada, nos roba el aire frío.

Dr. Kepa Lizarraga