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Javier Chocarro

Deporte, mejor al aire libre.

No se trata de debatir sobre las actividades en el medio natural, tan en alza hoy en día, donde se incluyen los llamados deportes de “riesgo o aventura” -descenso de cañones, escalada, rafting, parapente, espeleología …- o los más tradicionales como el esquí, la vela, el ciclismo, el piragüismo... cuyo soporte físico es la misma naturaleza, sino reflexionar sobre los deportes convencionales -natación, atletismo, fútbol sala, pelota, tenis, pádel …- que pueden practicarse a cubierto o al aire libre y frecuentemente entre semana. La motivación de este artículo no es más que la defensa de la práctica deportiva al aire libre siempre que la climatología lo permita. Defensa ante la cubrición, cada vez más habitual, de todos los espacios deportivos justificada en que así se utilizan todo el año. Como consecuencia, la supresión acelerada de los espacios deportivos abiertos o la falta de nuevas implantaciones en las zonas de climatologías “adversas”, e indirectamente la falta de actividad al aire libre. No es fácil ir en contra de la tendencia actual de aumentar el grado de confort de las actividades ni contra la presión a los gestores deportivos para aumentar la oferta, satisfacer la demanda o cuadrar las cuentas. Pero, ¿no estamos perdiendo muchas veces la oportunidad de combinar la satisfacción del juego, del esfuerzo físico, con la del contacto con el medio natural?. Los factores climáticos más importes que inciden sobre nuestro organismo son: la temperatura, la luminosidad, la velocidad del aire y la humedad; agregando la lluvia, el granizo o la nieve como fenómenos meteorológicos habituales. Hoy día, salvo excepciones, pasamos muchas horas entre cuatro paredes, en un “ambiente artificial” mejor o peor acondicionado, protegidos de las inclemencias del tiempo. Por otra parte, y entre semana, tenemos poco tiempo para el ocio que, además, dedicamos poco a la actividad física. Si a esto añadimos que la mayoría de las actividades físicas regladas se programan en espacios cerrados, nos encontramos con pocas posibilidades de jugar un partido o realizar una sesión de gimnasia al aire libre. Sin duda que el ejercicio al exterior lo podemos realizar más o menos en fin de semana o durante las vacaciones, en cualquiera de las ofertas del “deporte aventura”, “turismo deportivo” o “actividades en la naturaleza” o también en el paseo, la carrera o la vuelta en bici… pero podríamos añadir muchos partidos de baloncesto, fútbol sala, tenis, pelota, pádel... si dispusiéramos de pistas, frontones, campos… adecuados, al aire libre. Esta adecuación es barata comparada con los espacios cubiertos, sólo hay que tenerlos en cuenta en la planificación y no mermar la seguridad. Hoy, la vestimenta deportiva da una protección suficiente a las inclemencias del tiempo –no extremas. Sin desmerecer las ventajas de cubrir los espacios deportivos, ni el esfuerzo que ha supuesto llegar al actual grado de bienestar medido, en este caso, en el buen parque de instalaciones deportivas que disfrutamos, sólo recordar los beneficios añadidos del contacto con el medio ambiente natural: adaptamos a nuestro organismo a diferentes condiciones climáticas y a “entrenar” sus defensas naturales, disfrutamos de la luminosidad y profundidad de las vistas, y aumentamos el conocimiento directo del clima como parte de la naturaleza. Por otra parte, reducimos el consumo de energía tanto para la implantación como para el mantenimiento, colaborando con el desarrollo sostenible. Al practicar ejercicio “bioclimático” aumentamos los aspectos saludables del deporte y la satisfacción tras el esfuerzo realizado. Disfrutamos de un clima moderado o benigno, todavía no demasiado contaminado, que nos invita a disfrutarlo. Cuando visitamos Centroeuropa nos sorprende la cantidad de bares con terrazas, coches descapotables, fiestas populares, gente en bicicleta... muestras del aprecio por disfrutar del aire exterior. Os animo a poneros de vez en cuando una gorra o un buen chándal y a que practiquéis el deporte que os guste, acompañados del calor del sol, de la frescura de la brisa, del olor de la humedad, del color del paisaje… Descubriréis que salvando pequeñas incomodidades la recompensa es muy gratificante.