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Sonia Monterde

Sonia Monterde
Conservar el vital sentido del equilibrio

La función del equilibrio es mantener el centro de gravedad en la base de sustentación, facilitar información de la posición del cuerpo y mantener una imagen clara de nuestro entorno cuando nos movemos.
El mantenimiento del equilibrio se consigue gracias a la integración armoniosa de la información del sistema vestibular –oído interno-, la vista y los receptores del sistema neuromuscular –los más importantes se encuentran en la planta de los pies. La información de los diversos órganos es integrada por el sistema nervioso central, que ordena el movimiento de la cabeza, brazos, piernas y tronco para mantener la postura. Constantemente se producen adaptaciones automáticas para mantener el centro de gravedad sobre la base de sustentación.
A lo largo de la vida, no utilizamos por igual estas fuentes de información para el control del equilibrio. Así, las personas adultas sanas son capaces de mantener la postura sólo con la información vestibular mientras que los niños y las personas mayores necesitan además la información visual y neuromuscular. Las personas mayores de 65 años sufren una degeneración fisiológica normal que conlleva una serie de alteraciones. Estas alteraciones, más las patologías crónicas que puedan sufrir, afectan directamente al equilibrio estático y dinámico, aumentando el riesgo de caídas. Las caídas son uno de los motivos principales que empeoran la calidad de vida de las personas mayores. En primer lugar, por que son la causa más frecuente de traumatismos que obligan a ingresar y, en segundo lugar, una caída genera tal desconfianza en las propias capacidades físicas, que crea en la persona mayor una fobia al movimiento que puede llevarle al sedentarismo.
Si queremos prevenir las caídas y sus consecuencias, todos deberíamos trabajar el equilibrio. Los profesionales de la salud son los encargados de detectar las personas que tienen mayor riesgo mediante la compleja exploración del equilibrio para poder tomar medidas adecuadas pero existen pruebas sencillas que podemos pasarnos nosotros mismos. Por ejemplo: calcula el tiempo que puedes mantenerte de pie, con una sola pierna apoyada, los brazos al lado del tronco y los ojos cerrados -sitúate tras una silla o mesa para poder apoyarte si fuera necesario- y compara tu resultado con los parámetros normales para tu rango de edad: 24-28 seg. si tienes entre 20 y 49 años; 21 seg. para 50-59 años; 10 seg. entre 60-69 años; y 4 seg. para mayores de 70 años. Si obtienes un valor inferior al que corresponde a tu franja de edad debes mejorar tu equilibrio cuanto antes.
La prevención de las caídas es posible realizando una corrección de los factores de riesgo personales y los factores de riesgo ambientales. Existen evidencias que demuestran que la práctica regular de ejercicios específicos, tai chi, baile, fortalecimiento y flexibilidad muscular… mejoran el equilibrio. El ejercicio específico más sencillo es mantener durante un minuto la posición anterior -para la evaluación- pero con los ojos abiertos, primero con una pierna y luego con la otra. Debe realizarse de dos a tres veces al día. Conforme vayas progresando haz el ejercicio con los ojos cerrados.
Los factores de riesgo ambientales se disminuyen con la adaptación del entorno, que abarca tanto el hogar como el calzado. El hogar debe estar bien iluminado, sin obstáculos -evitar las alfombras- y debe haber apoyos en lavabo, pasillos o escaleras. Por último, el calzado debe reproducir las características del pie, ha de permitir la amortiguación, debe ser cerrado y con cordones que permitan ajustarse al máximo.
En resumen, conservar y recuperar el vital sentido del equilibrio puede conseguirse con ejercicio específico sencillo pero perseverante.
Observarás como mejora tu calidad de vida.