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Olga González

Postura y salud

Hablar de la importancia de adquirir unos hábitos higiénico posturales saludables no es una moda, sino una necesidad social. Actualmente, desde muy temprana edad, muchas personas perciben su cuerpo desde el malestar, el cansancio, la fatiga y el dolor. Recientes estudios demuestran que una de las principales causas de consulta médica son los dolores de espalda, así como la segunda razón de baja laboral. Cuántas veces habrás escuchado comentarios como estos: ponte rect@, pero estírate, no encojas los hombros, siéntate bien y tantos otros procedentes de nuestros padres, hermanos, profesores, amigos o incluso nuestra propia pareja. Descubrimos una intención de cuidar la actitud postural del otro, ya sea por razones estéticas o de salud. Vamos a proporcionarte la información necesaria para que de ahora en adelante realices una nueva práctica física conocida con el nombre de ATC (Atención Tierna y Cariñosa) y descubras que la sensación de confort, salud y bienestar dependerá, en gran medida, del cuidado y protección que reciba tu espalda. Has de saber que cuando hablamos de la espalda, en realidad, nos referimos a la columna vertebral. Recordamos que la columna vertebral está formada por un conjunto de vértebras que se articulan entre sí, ubicadas justo en el centro de nuestro tronco, y cuya función principal es la de proteger nuestra médula espinal (sistema nervioso).También debes recordar que la columna, vista de perfil, no es totalmente recta, sino que muestra unas curvaturas cóncavas y convexas diseñadas para soportar mejor las cargas y esfuerzos que podamos realizar a lo largo del día. Olvidar estas características anatómicas acarrea muchos problemas, sobretodo, en las dos posturas más habituales: estando sentado y de pie. Nuestra espalda nos sonríe cuando respetamos las pautas siguientes: estando sentad@ evita sentarte en la parte anterior o mitad del asiento; lleva tus caderas atrás y, siempre que puedas, apoya tu espalda en el respaldo de la silla. Es muy importante que tus pies estén apoyados sobre el suelo, reposapiés o similar, de no ser así, te irás separando del asiento y modificarás las curvas de tu columna, sobrecargándola con mayor intensidad. Mantén las piernas separadas para facilitar la circulación sanguínea. Cruzar las piernas supone entorpecer el retorno venoso y, al mismo tiempo, altera el equilibrio en la cadera, por lo tanto, el cuerpo debe compensarlo como puede y la espalda se resiente en el intento. Has de saber que la silla es una invención cultural y nuestro cuerpo se adapta a ella un máximo de 30 minutos seguidos. Levántate, ves al baño, bebe agua, camina, respira, estira tus músculos, etc. Lo que precises en cada momento, pero muévete y cambia de posición tantas veces como sea necesario. Muchas personas comentan que los dolores de espalda aparecen cuando tienen que estar de pie durante largos periodos de tiempo. En primer lugar, debemos comprender que nos mantenemos de pie, nos desplazamos, corremos, saltamos y bailamos gracias al apoyo y soporte de nuestros pies. Por lo tanto, el tipo de calzado que escojamos por la mañana va a condicionar nuestro confort y bienestar para el resto del día. Recomendamos un calzado que transpire, sujeto por detrás, con poco tacón (si se está acostumbrado a él) y en el cuál los dedos tengan libertad de movimiento. De no ser así, el pie tiende a realizar un sobreesfuerzo para mantener el zapato en su lugar (en el caso de las sandalias) y/o pierde un apoyo estable y firme cuando se lleva tacón o el calzado es más estrecho que el propio pie), crispando nuestra espalda y apareciendo el temido dolor. En algunos casos, modificar el calzado no va a ser suficiente para paliar las molestias y vamos a necesitar de algo más. Te proponemos un ejercicio muy sencillo. Contrae tus glúteos durante 15 segundos y acto seguido relaja la musculatura. Esta acción bascula la pelvis y, por unos instantes, la parte baja de tu espalda podrá descansar. Puedes hacerlo cada vez que aparezca el dolor. No cura nada, pero alivia.