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Pere Lavega

Las cuatro esquinas del Juego

Marta, Carlos, Ángel, Igon y Laura son los protagonistas de este juego. Están en un parque y han decidido jugar a las cuatro esquinas aprovechando que lo vieron practicar a un grupo de chicos algo mayores que ellos. Para muchos sólo están jugando. Pero, igual que en cualquier juego, se van a dar un sinfín de aspectos, procesos y relaciones que debemos destacar. En primer lugar, la coincidencia de los cuatro amigos en el juego es posible por ser una práctica que obedece a un sistema de reglas. Para poder jugar todos deben aceptar unas condiciones que impone el juego; es decir, deben considerar los derechos y obligaciones a respetar una vez deciden jugar todos a lo mismo. En este pacto de reglas reside la primera virtud formativa del juego. A Marta le ha tocado estar en el centro, los otros cuando ella da una señal van a intentar salir para ocupar otra esquina; tras el intento, quien no tenga esquina pasa al centro a sustituir a Marta, quien también querrá ocupar una esquina. A pesar de la sencillez de las reglas del juego, tras el pacto se activan muchos procesos, a menudo más complejos de lo parece. En algunos juegos, como en este, cuando los protagonistas se oponen a los demás, el éxito del resultado está en “leer” correctamente las intenciones de los otros, para además intentar anticiparse a las intenciones de los demás. Al mismo tiempo intentaremos evitar que nos “lean” nuestras intenciones. El engaño, los mensajes oscuros, la lectura de los demás... están asociados a una constante toma de decisiones y a un verdadero aprendizaje inteligente. Cualquier persona que quiera jugar, tendrá que interpretar correctamente las acciones motrices asociadas al juego, como por ejemplo “correr”, “fintar”, “demarrar velozmente”... Sin embargo, cuando Marta, Carlos, Laura, Ángel e Igon juegan no hacen exactamente lo mismo. Cada uno es distinto de los demás, ya que “lee”, interpreta y realiza las anteriores acciones motrices de manera personal. A esta intervención singular de cada persona le podemos denominar conductas motrices. Estos son algunos de los tesoros más profundos y específicos de la aventura lúdica. Cada juego tiene sus reglas a aceptar por todos y cada jugador, mediante sus conductas motrices, va a interpretarlas de modo singular en cada partida. Por otra parte, observando a cualquier grupo de niños jugando comprobaremos que los protagonistas se aíslan de todo lo que ocurre fuera del juego. Y es que al jugar actuamos con toda nuestra personalidad, activando unitariamente la dimensión cognitiva, afectiva y social. A diferencia de otras actividades de la vida “racional” o seria, en el juego cada uno se comporta tal y como es; con toda su carga personal. Una última reflexión. Si cada juego es distinto y ofrece a partitura o gramática peculiar, observamos que a pesar de disponer de unas notas musicales (acciones motrices) cada jugador va a interpretar dichas notas de modo distinto (conductas motrices). La potencialidad del juego motor reside en presentar “partituras” muy variadas en cada caso, que conducen a fomentar un tipo determinado de conductas motrices. Según “partitura” de cada juego los jugadores van a poder modelar conductas dirigidas hacia la agresividad, el respeto, la toma de decisiones, el aprendizaje repetitivo o la cooperación. Parece claro pensar que en la variedad de partituras de juegos está el éxito de ofrecer una formación plural y equilibrada. De cualquier forma, es necesario significar que el juego motor funciona como un verdadero laboratorio de relaciones sociales, circunstancia que nos exige ir más allá de pensar que nuestros hijos simplemente se divierten. Igon, Marta, Carlos, Laura y Ángel han dejado momentáneamente de jugar. Se ha acercado Beñat quien les ha pedido poder jugar con ellos. Acto seguido, improvisan una modificación en el juego de las cuatro esquinas para poder jugar y divertirse los seis. Acaba de nacer un nuevo juego. Estamos una vez más ante las verdaderas “cuatro esquinas” del juego.

Dr. Pere Lavega