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Ramón Llopis Goig

Ramón Llopis Goig
El deporte: ¿une o divide?

La historia del deporte nos muestra numerosos momentos en los que éste ha ejercido tanto un papel de unificador como de divisor social. Este carácter ambivalente es consustancial a cualquier actividad o producción humana, aunque en el caso del deporte resulta mucho más llamativo habida cuenta de las muchas bondades que en los últimos años se le han atribuido hasta convertirlo en una suerte de panacea para cualquier problema social. Así, el Libro Blanco del Deporte de la CE (2007) afirmaba la contribución de la actividad físico-deportiva al desarrollo del capital humano y la ciudadanía y se refería a su uso en las políticas de inclusión de grupos vulnerables. Sin embargo, ese mismo año, en España se aprobaba una Ley contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte (Ley 19/2007, de 11/Jul) que ponía claramente de manifiesto las contradicciones, conflictos y tensiones sociales que sigue desplegando el deporte en la actualidad.

Para ahondar en el potencial unificador/divisor del deporte es conveniente distinguir, al menos, dos grandes dimensiones del mismo: como espectáculo y como práctica recreativa o popular. Por lo que se refiere a la primera, los medios de comunicación explotan el dramatismo del enfrentamiento agonal entre los clubes deportivos y las selecciones nacionales logrando la implicación afectiva de amplias audiencias. Hay ahí un proceso de transferencia de identidad que contribuye a la formación de un ‘nosotros’ y refuerza el sentido de adscripción territorial. La eficacia de estos procesos es tal que difícilmente se puede encontrar otra institución con capacidad de crear tan fuerte sentido de pertenencia. Por lo que se refiere a la segunda, suele asumirse que el deporte es un espacio idóneo para la socialización e integración por su capacidad de generar espacios igualitarios de interacción que fomentan las actitudes cooperativas, las redes sociales, el compañerismo y la amistad. Esto resulta de especial relevancia para todos aquellos colectivos con una menor presencia en los espacios de sociabilidad como el trabajo y otros entornos de ocio con barreras de accesibilidad.

Pero junto a estas potencialidades integradoras, el deporte contiene otras de carácter más bien negativo. Del mismo modo que puede generar solidaridades, el deporte puede exaltar las divisiones sociales y reproducir las desigualdades y relaciones de discriminación existentes dentro de un entorno deportivo. La exacerbación de una identidad colectiva en torno al deporte puede tener un carácter excluyente y fomentar el enfrentamiento entre colectivos o producir tensiones entre deportistas y aficionadas/os de equipos rivales que deriven en abusos racistas, ataques xenófobos o conductas violentas. Es necesario, por tanto, reforzar el papel socializador y educativo del deporte asumiendo que sus ventajas no surgirán de manera automática y espontánea. En el caso del deporte espectáculo, los medios de comunicación deberían ser mucho más conscientes de la influencia que sus recursos retóricos y estrategias discursivas tienen en la población.

Por lo que se refiere a la práctica deportiva que se lleva a cabo en los clubes o centros deportivos, es importante que estos proporcionen ofertas atractivas que satisfagan las necesidades de los grupos de población socialmente vulnerables. Para ello deben ajustar la organización temporal de las actividades deportivas a la disponibilidad y ritmos horarios propios de estos grupos, ofrecer las actividades a un precio razonable y conceder prestaciones adicionales de manera gratuita. También es conveniente recurrir a la contratación de entrenadoras/es cualificadas/os que actúen como técnicas/os del deporte y como educadoras/es que ofrezcan asesoramiento y orientación individual. Es importante, por otro lado, que los clubes definan unas reglas básicas de convivencia interna y proporcionen espacios para la reunión y fortalecimiento de las relaciones entre los miembros, lo que servirá para fomentar la integración social y extenderla fuera del ámbito deportivo. Otro elemento a tener en cuenta es la imbricación de cada club en su comunidad local. Establecer una amplia red de colaboración con diferentes organizaciones sociales, deportivas y públicas permite a los clubes aproximarse a grupos socialmente vulnerables y desarrollar acciones coordinadas con personas en contacto con ellos, tales como los trabajadores sociales o las/os maestras/os. Estas eran las conclusiones a las que llegaba un proyecto de investigación sobre “Inclusión social, voluntariado y clubes deportivos” recientemente finalizado en diez países europeos, que contó con financiación Erasmus + de la UE. Junto a todo ello también se señalaba que contar con un comité responsable de coordinar las actividades dirigidas a grupos socialmente vulnerables y adoptar una estrategia de desarrollo futuro son factores que aumentan la efectividad de las acciones de integración social.

Ramón Llopis Goig
U. Valencia
(Twitter) @llopisgoig_r