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Borja Osés

Borja Osés
¿Es habitual el uso de sustancias dopantes en el deporte amateur?

Se ha constatado en los últimos tiempos el uso de sustancias nocivas o peligrosas para la salud con el fin de mejorar las capacidades físicas por parte de personas que no tienen la consideración de participantes en competiciones o que, pese a tomar parte en pruebas deportivas, lo hacen de modo que podríamos considerar como recreativo o popular.

Asimismo hemos tenido ocasión de leer noticias, como la publicada en diversos diarios el 22/Mar/17, que referían el decomiso por la Guardia Civil de tres millones de dosis de sustancias dopantes a una red desarticulada en el zona de Levante y que supuso la detención de catorce personas.

Situaciones como esa nos llevan a pensar que, a los ya consabidos casos relacionados con el dopaje en el deporte de élite o alta competición, hay que añadir la problemática relacionada con el extendido uso de ciertas sustancias (esteroides anabolizantes, hormonas, estimulantes...) por parte de quienes realizan actividad física con muy diversos objetivos o motivaciones en determinados lugares (gimnasios, centros de fitness y estética, polideportivos, academias de preparación de oposiciones...).

Y a ello habría que añadir que, además, se han detectado casos de uso de sustancias prohibidas en controles antidopaje llevados a cabo a deportistas amateurs participantes en pruebas populares o de carácter recreativo (maratones, pruebas cicloturistas, trails por montaña...).

Detrás de situaciones como éstas se encuentran redes organizadas dedicadas al tráfico y suministro de sustancias dopantes cuyo uso no está aconsejado en modo alguno para deportistas que practican actividad física o deportiva de forma recreativa. Más allá de que dichas prácticas en los citados casos tengan o no la consideración de infracción de las normas deportivas, constituyen un potencial y real riesgo para la salud de quienes las consumen.

Debe tenerse presente que se ha constatado que la fabricación de las sustancias decomisadas se realiza en lugares insalubres y con procedimientos totalmente al margen de las normas o procedimientos sanitarias. Además, la planificación del uso y pautas de administración de tales sustancias es realizada por personas sin la más mínima formación médica.

Es por ello que quienes realizan conductas vinculadas a la venta, suministro, dispensa, ofrecimiento o cualquier otra forma de facilitación de tales sustancias a deportistas estarían cometiendo un delito contra la salud pública tipificado expresamente en el Código Penal.

Algunos Estados desarrollan políticas antidopaje con gran implicación y concienciación a todo tipo de deportistas para erradicar las prácticas a las que nos venimos refiriendo, siendo un buen ejemplo Noruega. En tales territorios se dispone de programas tanto de sensibilización como de control respecto del uso de tales sustancias (estimulantes, anabolizantes y hormonas, fundamentalmente) en el deporte y actividad física recreativa, en especial en colectivos más sensibles o vulnerables como los jóvenes o adolescentes.

Esta realidad sobrepasa los límites de lo estrictamente deportivo, con una importante incidencia en la salud de las personas. Ello ha conllevado que las autoridades estatales y autonómicas, tanto deportivas como sanitarias, asistan con preocupación a una problemática social cada vez más extendida merced a las bondades que se pregonan respecto de la musculación y obtención de ciertos perfiles corporales en determinados ámbitos.

La solución pasa por una doble vía. De una parte, implementar programas de sensibilización y educación dirigidos a aquellas personas potenciales usuarias de tales sustancias, haciéndoles constar los gravísimos riesgos que se pueden derivar para su salud por el empleo de tales agentes dopantes. De otra parte, intensificar las labores judiciales, aduaneras, y policiales con el fin de detectar las redes organizadas y puntos de fabricación y venta (como internet) de las sustancias puestas a disposición de deportistas en muchos casos en el mercado negro.

Mención especial, por su enorme relevancia a estos efectos, ocuparían tanto los centros deportivos, como los profesionales que asesoran, entrenan, o planifican la actividad de tales deportistas. Sin duda, tales instalaciones y preparadores o entrenadores son fundamentales para erradicar la problemática a la que nos hemos venido refiriendo.

Borja Osés
Abogado del deporte, asesor Jurídico Agencia Vasca Antidopaje