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José Calabuig

José Calabuig
¿Por qué nos atrae superar la barrera del dolor en las pruebas deportivas extremas?

El ejercicio físico o deporte goza en la actualidad de una popularidad jamás conocida hasta estos momentos, y lo normal es que siga incrementándose. Los estudios llevados a cabo en los últimos años han demostrado sobradamente el beneficio de su práctica regular y su influencia sobre un buen número de aspectos relacionados con la salud, especialmente en la prevención de enfermedades cardiovasculares, pero también su utilidad como complemento terapéutico en personas que padecen distintas afecciones. Asimismo, se conoce muy bien que, para que los esfuerzos aconsejados sean beneficiosos, la práctica de ejercicio físico debe hacerse al menos 3 días por semana, en sesiones mínimo de 30 minutos y con una intensidad moderada.
También se ha demostrado que el ejercicio de intensidad elevada no es malo en sí mismo (lo practican todas y todos los deportistas profesionales y amateurs) pero siempre que se haga bajo control y con revisiones médicas, ya que puede haber problemas, bien de origen congénito o adquirido.
Por otro lado, cuando el ejercicio físico o deporte se practica con edades superiores a los 35 años, y se lleva a cabo con intensidades y frecuencias elevadas o muy elevadas, puede ser perjudicial para la salud de muy diferentes maneras, y grados, incluso con desenlace fatal por muerte súbita.
En los últimos años, estamos viviendo la cultura del no sufrimiento, de no tener por qué aguantar un dolor si hay remedios a nuestro alcance. Pero debemos distinguir un dolor bueno de otro malo para nuestra mente, así como un sufrimiento bueno de otro malo. El segundo (malo) no conlleva ningún beneficio material; sin embargo el primero nos lleva a obtener algunas compensaciones, muy importantes para algunas personas: un buen estado de forma física, un buen estado de salud y la prevención de muchas enfermedades, retrasar el envejecimiento de nuestro organismo, conseguir una buena imagen frente a los demás, sentirse más seguro con una/o misma/o, mejorar la autoestima, llevar a cabo una necesidad de nuestro cuerpo que así nos lo pide, fortalecer nuestra voluntad, sacrificarnos en dietas, alimentos, alcohol, tabaco… en beneficio de la forma física, fortalecer la capacidad de sufrimiento, mejorar nuestra resistencia al dolor que consideramos bueno, gestionar nuestro estrés, disfrutar de nuestros logros que van mejorando en algunas competiciones, sentirnos muy bien e incluso sentir placer gracias a las endorfinas (hormonas) o a la liberación de adrenalina que nos producen ciertos retos.
La realidad es que esto no es malo en sí mismo, siempre y cuando haya un control y una orientación que nos ayuden a conocernos con mayor profundidad y sepamos así lo que queremos, lo que podemos y lo que debemos hacer. Estas prácticas de ejercicio intenso (maratones, ironmanes, ultratrails, travesías a nado, carreras en el desierto o en el polo norte...), en determinadas ocasiones son un desencadenante para sufrir lesiones, accidentes, daños sobre todo a nivel cardiaco, como ha quedado demostrado en estudios recientes en deportistas de alta intensidad, llegándose a generalizar que el deporte intenso es malo para el organismo. Esto no siempre es así, pero si no hay control nunca sabremos si somos de las/os pocas/os candidatas/os a padecer alguna de estas afecciones.
Por eso el mensaje es: practica ejercicio moderado con regularidad, todo tu organismo se beneficiará y disfrutarás mucho de ello; y si quieres practicar ejercicio intenso, sométete antes a algunas valoraciones que te confirmen que no existe ninguna contraindicación o por el contrario que te contraindiquen su práctica y evitar así algún disgusto.

Dr. José Calabuig, cardiólogo
Clínica Universidad de Navarra