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Alain Garalde

Alain Garalde
Vivir activamente desde la infancia

Los seres humanos somos animales nómadas en el origen, que con el paso de los años nos hemos convertido en sedentarios. Tenemos un cuerpo diseñado para el movimiento pero que ya no necesita moverse para sobrevivir. ¿Es esto lo mejor para nuestro desarrollo personal y colectivo?

El cuerpo está programado para moverse y necesita el movimiento para mantenerse sano. Sin embargo, la mayoría de adultas/os, jóvenes y niñas/os no realiza la suficiente actividad física para no enfermar y este dato es uno de los pocos que se mantiene en todo el mundo. Hay innumerables investigaciones científicas que demuestran que la inactividad física crece en todo el planeta siendo una de las causas del desarrollo de enfermedades crónicas y su prevalencia la más elevada de entre las causas modificables.

En la infancia, la educación y la actividad física son fundamentales no sólo para prevenir la obesidad u otros trastornos médicos graves que ya se observan en los adolescentes europeos, sino sobre todo para el desarrollo físico, psíquico y social y del gusto por el hábito del movimiento en las edades posteriores.

Sin irnos muchos años atrás, la niñez era sinónimo de juego. El tiempo de ocio era tiempo de juego, el juego era movimiento del tren inferior, superior, tronco... en juegos de velocidad, cortos e intensos, de resistencia, habilidad o fuerza. Un movimiento global y completo, acompañado, continuado en el tiempo y diario, o casi.

Hoy las nuevas tecnologías han cambiado mucho la forma de entender el juego y niñas y niños, después de mucho tiempo inactivos en el colegio o en casa, pueden seguir jugando sentados con sus smartphones, ordenadores, consolas... imitando modelos de adultos y convirtiéndose el juego físico, casi siempre, en una actividad dirigida o de entrenamiento.

Estamos hablando de actividad física para nuestra salud que genere cambios en nuestro organismo para estar y sentirnos mejor. Y aunque, de momento, no está clara cuál es la cantidad y calidad necesaria de actividad física para conseguirlo, no hay duda de la relación curvilínea entre la cantidad de actividad física y la mejora en la salud: las personas más activas tienen menor riesgo de padecer alguna enfermedad crónica y mayor probabilidad de sentirse mejor.

En la infancia, la actividad física regular desarrolla bien los sistemas cardiorrespiratorio, esquelético y muscular, mantiene un equilibrio calórico adecuado y, por lo tanto, un peso saludable y, además, previene el desarrollo de enfermedades cardiovasculares como la hipertensión o la obesidad.

Pero, además, pasada la infancia necesitamos desarrollar la inteligencia interpersonal e intrapersonal y qué mejor que haberlo hecho jugando, moviéndose con otras/os, asociándose y relacionándose. El juego ayuda a conocernos como individuos sociales; a experimentar las primeras emociones de jugar con otras/os: ganar, perder, éxito, fracaso...; y a empezar a reflexionar sobre estrategias, razones, decisiones... y de ahí las emociones, tan necesarias para el aprendizaje y el desarrollo. Un bajo nivel de actividad física en esta edad está ligada al desarrollo de trastornos emocionales.

Es importante que las niñas y niños eviten modelos adultos y que se muevan y jueguen en libertad, sin necesidad de instrucciones adultas o jueces. El movimiento y la gestión del juego tienen que ser de las/os niñas/os, incluso la gestión de los conflictos.

Sólo en el caso de riesgo físico es recomendable intervenir en el juego. El adulto tiene que planificar y dotar de recursos al juego, libre y sin modelos, que le ayude en su desarrollo personal y de sus inteligencias espacial, interpersonal, intrapersonal, lógico-matemática, lingüística, musical, naturalista y la corporal-quinestésica (Howard Gardner).

Por tanto, la actividad física regular en edades tempranas no sólo genera adaptaciones físicas necesarias para la salud, sino que, además, desarrolla capacidades emocionales de autoconocimiento y la/s inteligencia/s que serán las bases del desarrollo personal.

Instituciones, profesionales, familias y todas las personas implicadas en el desarrollo de las/os niñas/os estamos obligadas a construir un entorno donde puedan desarrollarse, adquirir hábitos y conocimientos sobre el juego y sobre uno mismo en libertad.


Alain Garalde
Licenciado y profesor de Educación Física