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Santiago de Pablo

Santiago de Pablo
Deporte y guerra civil en el País Vasco, 80 años después

Duela laurogei urte, 1936ko uztailaren 18ko altxamendu militarrak gerra zibil ikaragarria piztu zuen, hiru urtez herria bi bando ezin adiskidetuzkotan banatu zuena. Euskal Herriko –eta Arabako– kirola ere tragedia hark bete-betean harrapatu zuen. Lehiaketa ofizialak eten ziren, bi bandoek ahalegin guztiak gerra irabaztera bideratu baitzituzten.
Hace ahora ochenta años, la sublevación militar del 18 de julio de 1936 dio origen a una terrible guerra civil que durante tres años dividió el país en dos bandos irreconciliables. El deporte vasco –y alavés– no fue ajeno a esta tragedia. Las competiciones oficiales se detuvieron, pues ambos bandos centraron todos sus esfuerzos en ganar la guerra. Por ejemplo, la Vuelta Ciclista al País Vasco, que estaba en julio a punto de comenzar, tuvo que suspenderse. El Circuito Automovilístico de San Sebastián desapareció para siempre y lo mismo le sucedió al diario deportivo bilbaíno Excelsius, que fue cerrado por el franquismo, al ser propiedad de una empresa informativa vinculada al PNV. Algunos locales deportivos sufrieron daños importantes, tal y como ocurrió con la piscina del Club Deportivo Bilbao o con el frontón de Gernika, destruido por el bombardeo.
Algunos frontones mantuvieron su actividad, pero sólo hubo algunas veladas de boxeo y aislados partidos de fútbol. A ambos lados del frente que dividió Euskadi durante el primer año del conflicto, estas competiciones servían para recaudar fondos y hacer propaganda bélica. Por ejemplo, en San Mamés se disputaron durante la etapa republicana varios partidos entre combinados de Bizkaia y Gipuzkoa, o el encuentro ‘Pro-avión Euzkadi’, entre el PNV y ANV, al que asistieron casi 20.000 espectadores, entre ellos el lehendakari José Antonio Aguirre, antiguo jugador del Athletic. En la zona franquista también hubo partidos de pelota y de fútbol, a beneficio del Ejército o de los hospitales de campaña. Algunos deportistas tuvieron que marchar al frente y hubo quien sufrió la cárcel o el exilio, como el nadador bilbaíno Mincho Espinosa.
Otros deportistas se implicaron de lleno en la propaganda, como el mítico boxeador guipuzcoano Paulino Uzcudun, ya retirado, que colaboró con el bando vencedor. Pero la principal iniciativa deportiva en el País Vasco durante la guerra fue la creación del ‘Equipo Euzkadi’, organizado por el Gobierno vasco en 1937, para hacer propaganda en el extranjero y conseguir fondos con que atender a los refugiados. Además, se buscaba crear un embrión de selección nacional de fútbol. De hecho, sus colores (camiseta verde, pantalón blanco y medias rojas) los ostenta aún la selección vasca. El Euzkadi –compuesto casi por completo por jugadores del Athletic– realizó una gira por Europa y América, pero fue declarado en rebeldía por la FIFA, que reconoció a la Federación Española de Fútbol, reorganizada por el bando franquista, con sede en San Sebastián. El Euzkadi encontró ‘asilo político’ en México y participó en la Liga oficial de la capital azteca como un equipo más en 1938-39, proclamándose subcampeón. Finalmente el conjunto se disolvió y muchos jugadores ficharon por clubes americanos.
Según avanzaba la guerra, el bando franquista trató de normalizar la situación, pero también de controlarla, como lo demuestra el hecho de que el protagonista de la defensa del Alcázar de Toledo, el general Moscardó, fuera nombrado más tarde delegado nacional de deportes. Desaparecieron pequeños clubes vinculados a la izquierda o al nacionalismo, como el Euzko Gaztedi Kiroltzalea de Vitoria. Otros, como la Real Sociedad, recuperaron su nombre original, prohibido por la República, pues desde 1931 el club se llamaba Donostia. Para muchos deportistas, el parón de la guerra significó el final de sus carreras, tal y como le sucedió al famoso defensa Ciriaco, que tras formarse en el Alavés había fichado por el Real Madrid.
Dentro de esa normalización, en 1938 se disputó la Copa ‘Brigadas de Navarra’ de fútbol, a beneficio del ‘Auxilio Social’ y de ‘Frentes y Hospitales’. Participaron la Real Sociedad, el Alavés, Osasuna, Tolosa, Real Unión, Logroño y Oriamendi (Barakaldo), pero no el Athletic, al que el nuevo régimen veía demasiado vinculado aún al Euzkadi. Resultó vencedor el Deportivo Alavés, recibiendo significativamente el trofeo de manos del gobernador militar. En la temporada 1939-1940 recomenzaron la mayor parte de las competiciones, pero el deporte también se vio influido por la larga dictadura que siguió a la victoria franquista.

Santiago de Pablo
UPV/EHU